Oro blanco y oro rosado:
características, usos y cuidados en joyería
El oro es un metal precioso que, al combinarse con otros metales, da lugar a aleaciones con diversas tonalidades y propiedades. Dos de las variantes más apreciadas en joyería son el oro blanco y el oro rosado. A continuación, exploraremos sus características, composiciones y cuidados.
Oro Blanco
Composición y Características
El oro blanco es una aleación de oro puro con metales blancos como paladio, plata o níquel. Esta combinación le confiere un tono plateado y una mayor resistencia en comparación con el oro puro, que es más maleable. La proporción típica en joyería de alta gama es de 75% de oro y 25% de otros metales, resultando en oro blanco de 18 quilates.
Usos en Joyería
Gracias a su apariencia moderna y elegante, el oro blanco es ampliamente utilizado en la creación de anillos, collares, pulseras y pendientes. Su tonalidad neutra realza el brillo de piedras preciosas como diamantes, zafiros y esmeraldas, convirtiéndolo en una opción versátil para diversas piezas.
Cuidados y Mantenimiento
Para preservar el brillo del oro blanco, es recomendable limpiarlo regularmente con una solución suave de agua y jabón, evitando productos químicos agresivos. Además, es aconsejable almacenar las piezas por separado para prevenir arañazos y someterlas a un rechapado periódico de rodio, ya que esta capa puede desgastarse con el tiempo.
Oro Rosado
Composición y Características
El oro rosado se obtiene al combinar oro puro con cobre y, en ocasiones, una pequeña cantidad de plata. La proporción típica es de 75% de oro, 20% de cobre y 5% de plata. La presencia de cobre es la responsable del característico tono rosado de esta aleación.
Usos en Joyería
El oro rosado ha ganado popularidad por su tonalidad cálida y romántica, siendo utilizado en una amplia variedad de joyas, desde anillos de compromiso hasta relojes de lujo. Su color distintivo lo convierte en una opción atractiva para quienes buscan piezas únicas y elegantes.
Cuidados y Mantenimiento
Aunque el oro rosado es duradero, es esencial limpiarlo con una solución suave de agua y jabón, evitando productos químicos que puedan dañar la aleación. Al igual que con el oro blanco, es recomendable almacenar las piezas por separado para evitar arañazos y mantener su brillo original.

