Desde niña tomaba fotos a absolutamente todo, simplemente por el placer de coleccionar recuerdos. Más adelante me matriculé en varios cursos básicos de fotografía, aprendiendo sobre técnica y manejo de cámara. Sin embargo, no fue sino hasta la pandemia cuando esta pasión se transformó en un proyecto de vida.
Mi interés comenzó a centrarse en crear imágenes que transmitieran emociones y generaran un impacto visual profundo.
El aislamiento y la fotografía como refugio
Al inicio de la pandemia me sentí aliviada de estar aislada en mi finca, rodeada de árboles y montañas verdes. Con el paso de las semanas y los meses, ese oasis natural empezó a convertirse en un espacio de encierro que me protegía, pero que también me aislaba del mundo exterior, generándome una ansiedad intensa.
La fotografía se convirtió entonces en una herramienta para sobrellevar la monotonía. Comencé a crear un archivo visual de registros diarios, capturando cada momento compartido en familia durante ese periodo incierto.
Talleres de fotografía contemporánea y exploración creativa
Estos momentos fueron el impulso para buscar nuevas oportunidades creativas. Durante ese tiempo participé en talleres de fotografía contemporánea con Inés Miguens, iniciando un proceso de aprendizaje y crecimiento personal.
Al principio, mi objetivo era perder el miedo al uso manual de la cámara. Poco a poco descubrí el universo de la fotografía conceptual y de la fotografía de arte contemporáneo, ampliando mi manera de observar y crear.
Compartir semanalmente con otros fotógrafos, cada uno con una visión distinta, fue profundamente enriquecedor. La distancia física me ayudó a perder el miedo a mostrar mi trabajo y a comprender el valor de la crítica como una herramienta fundamental para evolucionar como artista.
Aprender a observar: la esencia de la fotografía
Con el tiempo, mis fotografías comenzaron a tomar forma. Aprendí a aplicar con sutileza las técnicas y recursos adquiridos, interviniendo mis imágenes y creando mis primeras obras de arte.
Las tareas semanales me motivaban a recorrer los mismos caminos una y otra vez, descubriendo que la fotografía es, ante todo, aprender a observar. Una hoja, una rama o un charco pueden transformarse por completo según la luz, la sombra, el lente y la composición.
Comprendí también que, sin un concepto que dé sentido a la imagen, una fotografía se queda solo en eso: una foto. Una obra de arte logra transmitir un mensaje, despertar emociones e inquietar al observador.
Influencias, estilo y filosofía Wabi Sabi
Los talleres combinaban técnica con el estudio de autores y corrientes de la fotografía contemporánea: retrato, paisaje, macro, street photography y arquitectura. Este recorrido me permitió reconocer estilos y, poco a poco, definir el mío propio.
Tras atravesar una situación médica difícil al final de la pandemia, sentí la necesidad de expresar mi vulnerabilidad a través de la fotografía. Fue entonces cuando conecté profundamente con la filosofía japonesa del Wabi Sabi, que encuentra belleza en la imperfección y en lo efímero.
Este concepto se convirtió en el hilo conductor de mi portafolio y de mis proyectos artísticos.
Texturas, dorados y contemplación
Los fotógrafos españoles Albarrán Cabrera han sido una gran influencia en mi trabajo. Su manejo de texturas y tonos crea experiencias visuales que invitan a la contemplación y la reflexión.
Después de ver una exposición suya en Nueva York y adquirir uno de sus libros, comencé a incorporar filtros y capturas de papeles dorados de alta calidad en mis obras. Estos elementos realzan la belleza de lo frágil y lo imperfecto.
Ramas secas, bancas oxidadas, canoas abandonadas y flores en distintas etapas de su existencia transmiten mensajes sobre la impermanencia y generan una sensación de nostalgia e introspección.
Fotografía como emoción y diálogo
Mis imágenes buscan ser estéticas y elegantes, cargadas de sensibilidad. Son fotografías que provocan emociones intensas y que invitan a reflexionar sobre lo cotidiano, la fragilidad de la vida y el paso del tiempo.
Colaboración con Joyería Schumacher
Cuando Karen Schumacher me invitó a participar en el evento de Joyería Schumacher para el Día de la Madre, me emocioné profundamente. Me identifiqué no solo con la historia de la marca, sino también con su elegancia y sensibilidad estética.
La unión de mis imágenes con las piezas de joyería dio lugar a dípticos que crean un balance entre naturaleza, fragilidad, belleza y elegancia. Agradezco profundamente esta invitación tan especial.
Los esperamos en:
Joyería Schumacher
📍 Calle 79B #8-10, piso 4 (Calle de los Anticuarios)
🚗 Parqueadero privado
🕒 Lunes a viernes: 10:00 a.m. – 6:00 p.m.
🕒 Sábados: 10:00 a.m. – 5:00 p.m.
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